El palacio de la medianoche (The Midnight Palace)
El palacio de la medianoche (The Midnight Palace)

El palacio de la medianoche (The Midnight Palace)

by Carlos Ruiz Zafón

Paperback(Spanish-language Edition)

$31.13

Overview

Ambientada en la Calcuta de los años treinta, El Palacio de la Medianoche comienza una noche oscura en la que un teniente inglés lucha por salvar las vidas de dos niños de una amenaza impensable. A pesar de las insoportables lluvias del monzón y el terror que lo asedia en cada esquina, el joven británico logra ponerlos a salvo, pero no sin perder su propia vida...

Años más tarde, cuando los dos niños, Ben y Sheere, están en víspera de celebrar su decimosexto cumpleaños, la amenaza reaparece en sus vidas y esta vez no los dejará escapar tan fácilmente. Con la ayuda de sus valientes amigos, los dos hermanos deberán desafiar el terror que los acecha en las sombras de la noche y enfrentarse al enigma más aterrador de la historia de la ciudad de los palacios.

Product Details

ISBN-13: 9788408072799
Publisher: Planeta Publishing Corporation
Publication date: 06/30/2008
Edition description: Spanish-language Edition
Product dimensions: 6.00(w) x 1.25(h) x 9.00(d)

About the Author

Carlos Ruiz Zafon, author of two critically acclaimed and internationally bestselling novels, The Shadow of the Wind and The Angel's Game, is one of the world's most-read and best-loved writers. His work, which also includes prizewinning young adult novels, has been translated into more than fifty languages and published around the world, garnering numerous international prizes and reaching millions of readers. He divides his time between Barcelona and Los Angeles.

Read an Excerpt

El Palacio de la Medianoche


By Carlos Zafon

HarperCollins Publishers, Inc.

Copyright © 2006 Carlos Zafon
All right reserved.

ISBN: 0061284378

Capítulo Uno

El Retorno de la Oscuridad

Calcuta, mayo de 1916.

Poco después de la medianoche, una barcaza emergió de la neblina nocturna que ascendía de la superficie del río Hooghly como el hedor de una maldición. A proa, bajo la tenue claridad que proyectaba un candil agonizante asido al mástil, podía adivinarse la figura de un hombre envuelto en una capa bogando trabajosamente hacia la orilla lejana. Más allá, al oeste, el perfil de Fort William en el Maidán se erguía bajo un manto de nubes de ceniza a la luz de un infinito sudario de faroles y hogueras que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Calcuta.

El hombre se detuvo unos segundos para recuperar el aliento y contemplar la silueta de la estación de Jheeter's Gate, que se perdía definitivamente en la tiniebla que cubría la otra orilla del río. A cada metro que se adentraba en la bruma, la estación de acero y cristal se confundía con otros tantos edificios anclados en esplendores olvidados. Sus ojos vagaron entre aquella selva de mausoleos de mármol ennegrecido por décadas de abandono y paredes desnudas a las que la furia del monzón había arrancado su piel ocre, azul y dorada y las había desdibujado como acuarelas desvaneciéndose en un estanque.

Tan sólo lacerteza de que apenas le quedaban unas horas de vida, quizá unos minutos, le permitió continuar la marcha, abandonando en las entrañas de aquel lugar maldito a la mujer a quien había jurado proteger con su propia vida. Aquella noche, mientras el teniente Peake emprendía su último viaje a Calcuta a bordo de una vieja barcaza, cada segundo de su vida se desvanecía bajo la lluvia que había llegado al amparo de la madrugada.

Al tiempo que luchaba por arrastrar la nave hacia la orilla, el teniente podía oír el llanto de los dos niños ocultos en el interior de la sentina. Peake volvió la vista atrás y comprobó que las luces de la otra barcaza parpadeaban apenas un centenar de metros tras él, ganando terreno. Podía imaginar la sonrisa de su perseguidor, saboreando la caza, inexorable.

Ignoró las lágrimas de hambre y frío de los niños y dedicó todas las fuerzas que le restaban a pilotar la nave hasta el margen del río que venía a morir en el umbral del laberinto insondable y fantasmal de las calles de Calcuta. Doscientos años habían bastado para transformar la densa jungla que crecía alrededor del Kalighat en una ciudad donde Dios no se habría atrevido a entrar jamás.

En pocos minutos la tormenta se había cernido sobre la ciudad con la cólera de un espíritu destructor. A mediados de abril y hasta bien entrado el mes de junio, la ciudad se consumía en las garras del llamado verano indio. Durante esos días, la ciudad soportaba temperaturas de 40 grados y un nivel de humedad al filo de la saturación. Minutos después, bajo el influjo de violentas tormentas eléctricas que convertían el cielo en un lienzo de pólvora, los termómetros podían descender treinta grados en cuestión de segundos.

El manto torrencial de la lluvia velaba la visión de los raquíticos muelles de madera podrida que se balanceaban sobre el río. Peake no cejó en su empeño hasta sentir el impacto del casco contra los maderos del muelle de pescadores y, sólo entonces, caló la vara en el fondo fangoso y se apresuró a buscar a los niños, que yacían envueltos en una manta. Al tomarlos en sus brazos, el llanto de los bebés impregnó la noche como el rastro de sangre que guía al depredador hasta su presa. Peake los apretó contra su pecho y saltó a tierra.

A través de la espesa cortina de agua que caía con furia se podía observar la otra barcaza aproximándose lentamente a la orilla como una nave funeraria. Sintiendo el latigazo del pánico, Peake corrió hacia las calles que bordeaban el Maidán por el sur y desapareció en las sombras de aquel tercio de la ciudad al que sus privilegiados habitantes, europeos y británicos en su mayoría, denominaban la ciudad blanca.

Tan sólo albergaba una esperanza de poder salvar la vida de los niños, pero estaba aún lejos del corazón del sector Norte de Calcuta, donde se alzaba la morada de Aryami Bosé. Aquella anciana era la única que podía ayudarle ahora. Peake se detuvo un instante y oteó la inmensidad tenebrosa del Maidán en busca del brillo lejano de los pequeños faroles que dibujaban estrellas parpadeantes al Norte de la ciudad. Las calles oscuras y enmascaradas por el velo de la tormenta serían su mejor escondite. El teniente asió a los niños con fuerza y se alejó de nuevo en dirección Este, en busca del cobijo de las sombras de los grandes edificios palaciegos del centro de la ciudad.

Instantes después, la barcaza negra que le había dado caza se detuvo junto al muelle. Tres hombres saltaron a tierra y amarraron la nave. La compuerta de la cabina se abrió lentamente y una oscura silueta envuelta en un manto negro recorrió la pasarela que los hombres habían tendido desde el muelle, ignorando la lluvia. Una vez en tierra firme, alargó su mano envuelta en un guante negro y, señalando hacia el punto donde Peake había desaparecido, esbozó una sonrisa que ninguno de sus hombres pudo ver bajo la tormenta.

La carretera oscura y sinuosa que cruzaba el Maidán y bordeaba la fortaleza se había transformado en un barrizal bajo los embates de la lluvia. Peake recordaba vagamente haber cruzado aquella parte de la ciudad durante sus tiempos de luchas callejeras a las órdenes del coronel Llewelyn, a plena luz del día y a las riendas de un caballo junto con un escuadrón del ejército sediento de sangre. El destino, irónicamente, le llevaba ahora a recorrer aquella extensión de campo abierto que Lord Clive había hecho arrasar en 1758 para que los cañones de Fort William pudieran disparar libremente en todas direcciones. Pero esta vez él era . . .



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Excerpted from El Palacio de la Medianoche by Carlos Zafon Copyright © 2006 by Carlos Zafon. Excerpted by permission.
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